Historias con Narradores Inconfiables

Por 02/07/2024 Cine & TV, Literatura
En mi último artículo exploré la riqueza narrativa que aporta un multiverso donde nuestros protagonistas tienen vidas paralelas. Pero ¿y si la realidad es una sola pero tiene diversas versiones según la perspectiva del personaje que las cuenta?
La figura del narrador inconfiable es fascinante porque, a la vez de darnos a conocer una historia, podemos sumergirnos en su psicología, dejando entrever sus miedos, deseos y sí, también sus distorsiones.  Así, este tipo de narrador pone de relieve la naturaleza subjetiva de la realidad, y cómo la percepción individual puede influir en la interpretación de los hechos.
Tomemos como ejemplo a la narradora de El amante, de Marguerite Duras (1984). Desde la vejez, la mujer recuerda el apasionado romance que vivió como adolescente con un comerciante chino adinerado y mayor que ella en la Indochina francesa.
Esta novela semiautobiográfica podría fácilmente interpretarse como una historia de abuso a una menor, pero la distancia con la que la narradora recuerda los hechos recibe una interpretación distinta, la del despertar del deseo femenino.
Así describe Duras el primer encuentro en la habitación de los amantes:

Está muy atenta al exterior de las cosas, a la luz, al estrépito de la ciudad en el que la habitación está inmersa. El tiembla. Al principio la mira como si esperara que hablara, pero no habla. Entonces, él tampoco se mueve, no la desnuda, dice que la ama con locura, lo dice muy quedo. Después se calla. Ella no le responde. Podría responder que no lo ama. No dice nada. De repente sabe, allí, en aquel momento, sabe que él no la conoce, que no la conocerá nunca, que no tiene los medios para conocer tanta perversidad. Ni de dar tantos y tantos rodeos para atraparla, nunca lo conseguirá.

Es improbable que una niña de quince años tenga tanta seguridad de saber que nunca se enamorará de su amante, o que el comerciante chino estuviera tan ciegamente enamorado de su conquista desde un principio. Pero esta narradora improbable empodera a su adolescente, a pesar de su inexperiencia en el sexo y el amor, para convertirla en la persona que lleva la batuta en el romance, con pleno conocimiento y rotundidad. De hecho, la narradora proporciona a la menor pensamientos y formas de actuar de una mujer madura.
En obras que exploran el pasado, la memoria puede fácilmente difuminarse, y los narradores inconfiables proyectan en sus recuerdos su estado mental y emocional actual. No siempre es fácil reconocer a estas historias con narradores inconfiables, ya que el lector tiene una tendencia a confiar en lo que se le presenta desde una sola perspectiva. Pero si el lector es consciente, la presencia del narrador poco fiable añade complejidad, riqueza y profundidad a una obra literaria.

Cuando la Realidad Depende del Punto de Vista

Es más fácil desconfiar de un narrador cuando aparecen varios narradores en la historia, y la misma historia se perfila desde sus distintos prejuicios, creencias y perspectivas.
Un ejemplo de una obra reciente donde varios narradores cuentan la misma historia desde distintos puntos de vista es la novela La chica del tren (2015) de Paula Hawkins, que se llevó al cine al año siguiente con Emily Blunt como protagonista En esta historia de suspense psicológico, la trama se desarrolla a través de los relatos de tres narradoras principales: Rachel, Anna y Megan.
Cada una de estas mujeres ofrece su propia perspectiva sobre los eventos que rodean la desaparición de Megan, una joven que Rachel observa desde el tren todos los días. Los narradores tienen diferentes conexiones con los personajes involucrados y diferentes motivaciones personales, lo que influye en cómo interpretan los hechos y en lo que revelan al lector/espectador.
A medida que la historia avanza, las versiones de los eventos presentadas por cada narradora se entrelazan y a menudo contradicen, lo que lleva al lector/espectador a cuestionar la fiabilidad de cada narrador y a reconstruir la verdad detrás de lo que realmente sucedió. Esto fomenta un enfoque más crítico y activo por parte del lector, quien debe interpretar y reconstruir la narrativa.

Cuando el Narrador Inconfiable es una Revelación

Por último, la revelación gradual de la falta de fiabilidad del narrador puede ser una herramienta efectiva para el desarrollo de la trama. Puede crear giros y sorpresas que mantienen a los lectores interesados y comprometidos.
Por ejemplo, El talento de Mr. Ripley (1955) de Patricia Highsmith (llevada al cine en 1999 y como serie de Netflix en 2024) es una historia de suspense psicológico en la que el protagonista, Tom Ripley, es un asesino que suplanta identidades para estafar a sus víctimas.
Tom Ripley es el narrador principal de la historia, y a medida que la trama avanza, el lector/espectador comienza a darse cuenta de que Ripley es un mentiroso consumado y un manipulador experto, lo que afecta profundamente la forma en que presenta la historia al público y a otros personajes.
La revelación gradual de la falta de fiabilidad de Ripley como narrador crea giros y sorpresas que mantienen a los lectores en vilo. A medida que se descubren sus verdaderas motivaciones y sus acciones se vuelven cada vez más desesperadas, el lector se ve obligado a reinterpretar los eventos pasados a la luz de esta nueva realidad. Esta tensión entre lo que Ripley dice y lo que realmente hace es esencial para el suspenso y la intriga que caracterizan a la novela.

Otros famosos narradores improbables incluyen al Narrador de Fight Club (interpretado por Edward Norton en 1999), cuya verdadera identidad es uno de los giros más icónicos de la película; Nick y Amy Dunne, los dos narradores principales de Gone Girl (2012), que presentan versiones contradictorias de su matrimonio y la desaparición de Amy; y Arthur Fleck, el protagonista de Joker (2019), cuyas alucinaciones hacen que sea difícil distinguir entre lo que es real y lo que es producto de su mente perturbada.
Estos ejemplos muestran cómo la utilización de narradores inconfiables puede añadir suspense y profundidad tanto a las tramas cinematográficas como literarias.

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El Multiverso Como Recurso Narrativo

Por 24/06/2024 Cine & TV, Comunicación
Como amante de la buena ciencia ficción, estoy disfrutando la serie Dark Matter (Apple TV+), basada en el libro de Blake Crouch de 1996 con el mismo nombre. La historia se centra en personajes que viajan en un multiverso donde existen mundos paralelos. Cada mundo tiene sus propias condiciones físicas y los personajes se topan con versiones ligeramente distintas de sí mismos en cada mundo, alter egos que tomaron decisiones o caminos distintos a lo largo de sus vidas.

El concepto de vidas en mundos paralelos tiene una base científica, al considerarse una posibilidad física bajo las teorías de la inflación cósmica y la teoría de cuerdas. Exista o no, el multiverso es un recurso narrativo muy atractivo para los creadores de historias que buscan explorar temas como la identidad (¿Quién soy yo realmente en un universo con distintas versiones de mí mismo?), la ética (¿Cómo hubiera sido mi vida si hubiera tomado otras decisiones?), e incluso la espiritualidad y la religión (¿Dónde encaja Dios si la creación alberga mundos paralelos?).

Primeras Encarnaciones del Multiverso como Vidas Paralelas

Si bien el multiverso se ha puesto últimamente de moda en la ficción, mi primer recuerdo de una narrativa que explora existencias paralelas se remonta a 1991. La doble vida de Verónica («La double vie de Véronique») es una película francesa-polaca dirigida por Krzysztof Kieślowski. La película, no nos habla exactamente de dos mundos paralelos, sino de la vida de dos mujeres idénticas, Véronique y Weronika, que viven en diferentes países (Francia y Polonia, respectivamente). Estas mujeres nunca se conocerán pero sentirán una profunda conexión emocional y física entre sí.
La película profundiza en el concepto de la identidad dual y en la conexión metafísica con un otro yo. Esa conexión se materializa en una serie de coincidencias y paralelismos, así como en una cinematografía que utiliza los espejos, las ventanas y los reflejos como símbolos de la dualidad y la introspección.

Otra propuesta cinematográfica más comercial que empezó a usar el multiverso como recurso narrativo es Sliding Doors de 1998, una comedia romántica de Peter Hewitt que explora cómo un pequeño evento puede cambiar radicalmente el curso de una vida. La película sigue a Helen Quilley (interpretada por Gwyneth Paltrow) en dos realidades paralelas, una donde consigue tomar un tren y otra donde lo pierde. En este caso, la existencia de Helen en dos planos permite al personaje explorar dos destinos distintos, aunque con un denominador común (en las dos vertientes Helen decide rehacer su vida tras dejar una relación).
Más recientemente, otras historias notables de mundos paralelos incluyen a El Hombre en el Castillo de Philip K. Dick, libro (2011) y serie de televisión (2015) que explora una realidad alternativa, en la que los Aliados perdieron la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos está dividido en dos, bajo las ocupaciones nazi y japonesa. En esta ocasión, el recurso del multiverso nos permite explorar alternativas a la historia, haciendo crítica a los sistemas de gobierno opresivos que tienen impacto negativo en la libertad y la moralidad humanas.
También cabe mencionar Donnie Darko (2001), una película de culto en la que el personaje interpretado por Jake Gyllenhaal experimenta visiones de un hombre en un traje de conejo que le informa que el mundo terminará en 28 días. A medida que la fecha se acerca, Donnie descubre la existencia de universos tangentes y viajes en el tiempo. Esta cinta explora la tensión entre el libre albedrío, el destino y la naturaleza del tiempo.

La Tecnología y los Mundos Virtuales

Con la llegada de la serie de películas de The Matrix (1999,2012,2021), precursora de series como Fringe (2008-2013), Doctor Who (2005-presente), o películas como Inception (2010) o Ready Player One (2018) , la tecnología hace posible el contacto con realidades virtuales o paralelas. En estos casos, la realidad virtual facilitada por la tecnología parece real pero no lo es. Así, la serie de películas de The Matrix nos presentan un dualismo entre el mundo real y el mundo simulado, reflejando conceptos filosóficos y religiosos de la dualidad entre cuerpo y alma, y el mundo material versus el espiritual. Neo, el protagonista de The Matrix, es una metáfora del despertar a una realidad oculta y de la búsqueda de la verdad. Ese despertar se manifiesta a través de la decisión de tomar la «píldora roja» que le permite ver la verdadera naturaleza de su existencia.
Pero tal vez sea Everything Everywhere All at Once (Todo en Todas Partes al Mismo Tiempo), la película ganadora del Oscar en 2022, la responsable de que el multiverso como recurso narrrativo se haya puesto en boga. La historia sigue a Evelyn Wang (interpretada por Michelle Yeoh), una inmigrante china en Estados Unidos que lucha por mantener su lavandería familiar mientras lidia con problemas con su esposo Waymond (Ke Huy Quan), y  con su hija Joy (Stephanie Hsu., Durante una visita al IRS, Evelyn es contactada por una versión alternativa de su esposo Waymond de un universo paralelo. Él le explica que existen múltiples universos y que ella es la clave para salvar el multiverso de una amenaza inminente.

En ese caso, el multiverso es una técnica narrativa que permite a la protagonista encontrar sentido a la vida en un universo infinito de posibilidades. Específicamente, Evelyn encontrará el significado en los pequeños momentos de amor y conexión, y descubrirá su capacidad de influir en su destino y realizar su propio potencial.
Otros ejemplos recientes de multiversos en la ficción incluyen la serie Stranger Things (2016-presente), en la que un grupo de niños en los años 80 se enfrenta a fenómenos paranormales y criaturas de una dimensión oscura llamada «The Upside Down»; la serie La Periferia (2022), en la que una gamer de realidad virtual recibe una conexión con una realidad alternativa en un Londres futurista; Star Treck Discovery (2017), en las que los viajes al Universo Espejo permite a los personajes y a la audiencia explorar y cuestionar los valores de la Federación, como la diplomacia, la igualdad y la moralidad, en contraste con el régimen opresivo y despiadado del Imperio Terrano; o varias de las secuelas de Spiderman: Into the Spider-Verse (2018) y No Way Home (2021).
A medida que nuestras narrativas ganan en complejidad y sofisticación, el multiverso ofrece nuevas posibilidades para explorar temas de calado como la identidad, el destino o la interconexión de nuestras vidas. Pero sobre todo, nos permite usar la imaginación y la innovación narrativa para abordar inquietudes existenciales de siempre desde una nueva perspectiva.

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Henry James y la Historia Moderna

Por 12/06/2024 Literatura
El Arte de la Novela (1884) de Henry James (1843-1916) es uno de los ensayos más significativos de la teoría literaria y un referente indiscutible para el contador de historias moderno. James escribió este ensayo como réplica a una conferencia con el mismo nombre de Walter Besant, en la que sostenía que la ficción tenía reglas y técnicas específicas que los escritores debían seguir.
James argumenta todo lo contrario: el novelista debe gozar de total libertad creativa para crear e impregnar sus obras de un estilo propio, sin encorsetarse en ningún parámetro. Este planteamiento contrastaba con el realismo y naturalismo que imperaba en la época, en la que escritores como Émile Zola en Francia y George Eliot en Inglaterra abogaban por un enfoque científico y detallado en la representación de la realidad.

«Una novela es, en su definición más amplia, una impresión personal de la vida; eso, para empezar, constituye su valor, que es mayor o menor según la intensidad de la impresión. Pero no habrá intensidad alguna, y por lo tanto ningún valor, a menos que exista libertad para sentir y decir. Trazar una línea a seguir, un tono a tomar, una forma a completar es una limitación de esa libertad y una supresión de aquello que más nos interesa (…) La ventaja, el lujo, así como el tormento y la responsabilidad del novelista, es que no hay límite para lo que puede intentar como ejecutante: no hay límite para sus posibles experimentos, esfuerzos, descubrimientos, éxitos.»

Experiencia Humana con Imaginación

A pesar de creer en la libertad, Henry James encuentra valor en la experiencia personal como punto de partida para la construcción de la historia moderna. Los contadores de historias deben observar la vida real y hacerse eco de sus propias experiencias para dar autenticidad a sus historias.

«La única razón de ser de una novela es que intenta representar la vida. Cuando abandona este intento, el mismo intento que vemos en el lienzo del pintor, habrá llegado a un punto muy extraño. ¿Qué significa la representación de la vida? Significa, sobre todo, tratar de capturar el color de la vida misma; significa tratar de ser fiel a la complejidad de la experiencia humana, a la realidad de los personajes y sus interacciones. El éxito de una obra de ficción depende de la intensidad de este intento de representar la vida, y el punto de vista desde el cual se ve esta vida es lo más importante.»

La libertad creativa del escritor llega de la mano de la imaginación; aunque la realidad proporciona la materia prima, es la imaginación del escritor la que transforma estos elementos en arte.

«La experiencia nunca es limitada, y nunca está completa; es una inmensa sensibilidad, una especie de enorme telaraña, hecha de los hilos más finos de seda, suspendida en la cámara de la conciencia y atrapando cada partícula en el aire en su tejido. Es la misma atmósfera de la mente; y cuando la mente es imaginativa —aún más cuando se trata de la mente de un hombre con ingenio—, se apropia de los más leves indicios de la vida, y convierte los mismos impulsos del aire en revelaciones.»

James defendía una técnica narrativa que daba importancia al punto de vista y la conciencia de los personajes, un enfoque que difería de la narración omnisciente más común en su tiempo. Su énfasis en «mostrar, no contar” y en el desarrollo de personajes multidimensionales influenció profundamente a escritores como James Joyce, Virginia Woolf y Marcel Proust, quienes perfilaban personajes complejos con profundidad psicológica. Así, El Arte de la Novela anticipa muchas ideas que serían centrales para el modernismo literario.

«La casa de la ficción no tiene, en resumen, una sola ventana, sino un millón; un número de posibles ventanas que no se puede calcular, más bien; cada una de las cuales ha sido perforada, o todavía puede ser perforada, en su vasta fachada, por la necesidad de la visión individual y por la presión de la voluntad individual. Estas aberturas, de formas y tamaños disímiles, se asoman, todas juntas, a la escena humana, y podríamos haber esperado de ellas una mayor uniformidad en los informes de lo que encontramos. Son, individualmente o en conjunto, como nada sin la presencia apostada del observador, sin, en otras palabras, la conciencia del artista.»

Sin Reducción Moralista

Otro rasgo que diferenciaba a James de sus contemporáneos era la interpretación no moralista de la novela. Su enfoque era que la literatura debía reflejar la complejidad moral de la vida sin necesidad de impartir una lección directa.

«Pero la única condición que puedo pensar para la composición de la novela es, como ya he dicho, que sea interesante. Esta libertad es un espléndido privilegio, y la primera lección del joven novelista es aprender a ser digno de ella. ‘Disfrútala como se merece’, le diría; ‘apodérate de ella, explórala hasta su máximo alcance, revélala, regocíjate en ella. Toda la vida te pertenece, y no escuches ni a aquellos que te encerrarían en rincones de ella y te dirían que solo aquí y allá habita el arte, ni a aquellos que te persuadirían de que este mensajero celestial vuela fuera de la vida por completo, respirando un aire superfino y apartando la cabeza de la verdad de las cosas.»

Así, el «sentido moral» de una historia moderna para Henry James es el impacto que tiene en el lector, y no está anclada en ningún código prestablecido sino en la libertad creativa del artista.

«En el esfuerzo por interesar, y en la obligación de interesar vívidamente, la apelación al principio de una moralidad interna está, por supuesto, siempre a mano, pero no es la última palabra en el asunto, pues no llega muy lejos. No hay nada en el mundo menos material, en el sentido de ser un hecho, que el espíritu de una obra de arte; y, sin embargo, nada tan sujeto a observación. La moralidad entra al final, entra incidentalmente y bajo la forma de libertad. La libertad en cuestión es la libertad del artista, es en eso en lo que todo se basa. El sentido moral en una obra es aquello que nos impacta directamente como operativo, donde se realiza la libertad del artista.»

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La Ansiedad Existencial de Kafka

Por 03/06/2024 Literatura
Son pocos los escritores cuyo nombre se ha llegado a adjetivar para denotar características de su estilo literario. Uno de ellos es Franz Kafka (1883-1924), cuyo mundo “kafkiano” fue tan particular que, a cien años de su muerte, se ha convertido en calificativo de situaciones absurdas y angustiosas.
Franz Kafka nació en Praga en el seno de una familia judía de clase media. Después de graduarse en Derecho de la Universidad Alemana, trabajó en varias compañías de seguros, lo cual le permitió mantener una estabilidad económica y tiempo para dedicarse a la escritura. Aunque en vida publicó poco, su influencia creció exponencialmente después de su muerte.
En obras como La Metamorfosis (1915), El Proceso (1925) o El Castillo (1926), las historias de Kafka se mueven entre la realidad y el surrealismo para explorar temas como la burocracia opresiva, la alienación, el absurdo, el miedo y la ansiedad existencial.

La Angustia de Vivir en un Mundo Hostil

En su obra maestra La Metamorfosis, por ejemplo, el personaje principal Gregor Samra despierta un día en la cama convertido en un insecto gigante. La transformación de su cuerpo le causa miedo, pero lo más absurdo de la historia no es este cambio, sino la angustia de no poder llegar al trabajo a tiempo.

«Al despertar Gregor Samsa una mañana, después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado sobre su espalda dura como un caparazón y, al levantar un poco la cabeza, vio su vientre abombado, oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que la colcha apenas podía mantenerse a punto de resbalar definitivamente. Sus numerosas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el grueso volumen de su cuerpo, se agitaban desamparadas ante sus ojos.»

Los personajes de Kafka suelen enfrentarse a estas situaciones ridículas solos, y se suelen sentir desorientados en un mundo caótico, opresivo y hostil. En El Proceso, Josef K., el protagonista, es arrestado sin causa aparente y sin haber cometido ningún delito. La extraña interrupción de su rutina matutina y la presencia de personas desconocidas en su casa aumentan la sensación de desconcierto y alienación. Esta escena establece el tono de la novela, donde K. se enfrenta a un sistema judicial absurdo y opresivo, encapsulando la experiencia kafkiana de enfrentarse a fuerzas incomprensibles y deshumanizadoras.

«Alguien tenía que haber calumniado a Josef K., pues sin que él hiciera nada malo, una mañana fue arrestado. La cocinera de la señora Grubach, su casera, que todos los días le traía el desayuno a las ocho, esta vez no vino. Eso no había sucedido nunca. K. esperó todavía un rato, miró desde su almohada a la anciana que vivía frente a él y que lo observaba con una curiosidad completamente inusitada; luego, sorprendido y a la vez hambriento, tocó la campanilla. Al instante llamaron a la puerta y entró un hombre al que jamás había visto en aquella casa.»

La Pesadilla de la Modernidad

La alienación es un tema central en la obra de Kafka, como reflejo de la experiencia del individuo en la sociedad moderna. A medida que los gobiernos y las corporaciones crecían a principio de Siglo, Kafka capturó como pocos escritores la desorientación de muchas personas al enfrentarse a nuevas realidades tecnológicas y sociales, y a instituciones cada vez más frías y burocráticas. En particular Kafka, como judío en una Praga de mayoría cristiana, se sintió a menudo un extraño en el contexto del antisemitismo creciente en Europa.
En El Castillo, por ejemplo, el protagonista K. llega a un pueblo dominado por un misterioso castillo. K. ha sido contratado para trabajar como topógrafo, pero pronto descubre que las autoridades del castillo lo han llamado por error y que no se le ha asignado ningún trabajo real. A pesar de esto, K. decide quedarse en el pueblo y luchar por el reconocimiento de su empleo.
El castillo es un símbolo de autoridad y burocracia, y sus funcionarios ejercen un férreo control sobre la vida de los habitantes del pueblo. Mientras tanto, K. lucha contra la ambigüedad y la arbitrariedad de las reglas del castillo, así como contra la alienación y la falta de sentido de su propia existencia.

«—Usted no tiene permiso para estar en la aldea —dijo el guardia—. No obstante, se le ha permitido quedarse hasta que reciba nuevas órdenes del castillo.

—¿Y quién me ha dado permiso para quedarme? —preguntó K., sin apenas prestar atención a lo que decía, pues toda su atención estaba concentrada en el castillo.

—Eso no lo sé —dijo el guardia—. Posiblemente el señor con el que habló esta mañana. Pero, en cualquier caso, ahora se trata de lo siguiente: si usted no tiene el permiso del castillo para permanecer en la aldea, debe irse inmediatamente.

—Entonces iré al castillo —dijo K.— para obtener ese permiso.

—No se lo aconsejo —dijo el guardia—. La entrada en el castillo está prohibida a los forasteros.»

Kafka murió de tuberculosis a los 40 años en un sanatorio en Kierling, cerca de Viena. Antes de morir, Kafka pidió a su amigo y editor Max Brod que destruyera todos sus manuscritos inéditos, pero Brod decidió publicarlos, asegurando así el legado literario de Kafka. Hoy se le considera uno de los escritores más influyentes del Siglo XX.

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La Verdad Detrás de la Historia

Por 30/05/2024 Literatura
¿Qué es Moby Dick? ¿Estaba loco Don Quijote? Las novelas más trascendentales no siempre tienen una interpretación clara y definitiva, como argumenta el escritor Javier Cercas en su serie de ensayos ¨El punto ciego¨ (2016).
Estos ensayos nacieron como un ciclo conferencias que el autor dio en la Universidad de Oxford sobre la naturaleza de la novela y lo que la convierte en un género literario que puede llegar a ser profundo y trascendental.

Se trata de una moderna tradición de novelas, que abarca desde las más antiguas hasta las más recientes, desde las más soberbias —el Quijote, Moby Dick o El proceso— hasta las más humildes: las que yo he escrito, por no ir muy lejos. En el centro de estas novelas hay siempre un punto ciego, un punto a través del cual no es posible ver nada.

Cercas argumenta que toda novela tiene un ¨punto ciego¨ que le confiere complejidad y que está sujeto a muchas interpretaciones. Las buenas historias, así, se convierten en una exploración de la verdad para el escritor, un viaje que no tiene un destino marcado y definitivo.

En cierto modo el mecanismo que rige las novelas del punto ciego es muy similar, si no idéntico: al principio de todas ellas, o en su corazón, hay siempre una pregunta, y toda la novela consiste en una búsqueda de respuesta a esa pregunta central; al terminar esa búsqueda, sin embargo, la respuesta es que no hay respuesta, es decir, la respuesta es la propia búsqueda de una respuesta, la propia pregunta, el propio libro. En otras palabras: al final no hay una respuesta clara, unívoca, taxativa; sólo una respuesta ambigua, equívoca, contradictoria, esencialmente irónica, que ni siquiera parece una respuesta y que sólo el lector puede dar.

Al igual que Cercas, escritores como Kundera, Borges, Faulkner o Vargas Llosa tienen una visión de la novela que puede revelar verdades profundas y complejas sobre la condición humana a través de la ficción. Vargas Llosa, por ejemplo, abordó esta dimensión de la novela en su libro de ensayos “La verdad de las mentiras” (1990). La «mentira» de la literatura, según él, permite explorar verdades profundas y múltiples posibilidades de la existencia.

La literatura no nace para consignar hechos, sino para contarlos, que es algo muy distinto. En la vida real las cosas ocurren una sola vez, y el destino de los seres humanos es único e irreversible. Pero en la ficción, las cosas ocurren de una manera diferente: el tiempo puede detenerse o retroceder, acelerarse o repetirse hasta el infinito, y los personajes no están sujetos a las reglas ineludibles de la naturaleza y de la historia, sino a las de la imaginación. La mentira de la literatura nos muestra así una verdad que las ciencias y otras disciplinas no pueden o no se atreven a mostrar: que la vida humana tiene muchas dimensiones, muchas posibilidades que la realidad niega, pero que son, sin embargo, profundamente verdaderas.

La Novela Como Reflexión Moral

A diferencia de historias en formatos más breves, la novela permite al autor construir una narrativa que abarca mucho más que la interpretación literal de lo que se nos cuenta. Escritores como Cercas sostienen que la novela encierra una historia detrás de la historia, planteando preguntas éticas y morales que incitan al lector a reflexionar sobre cuestiones más trascendentales.

Mi padre solía decirme que la vida es un puñado de preguntas sin respuesta, y cuanto más tiempo pasa, más claro tengo que tenía razón. Por ejemplo: ¿por qué, si el género humano ha sido capaz de inventar las sinfonías de Beethoven o las tragedias de Shakespeare, sigue siendo incapaz de evitar las guerras? ¿Por qué, si podemos enviar una nave a Marte, no podemos encontrar la cura para el cáncer? ¿Por qué, si somos capaces de tanto, somos también capaces de tanto mal?

Una de mis novelas favoritas que explora temas morales es ¨Ensayo sobre la ceguera¨(1995) de José Saramago. En la novela, Saramago usa la trama de una epidemia de ceguera repentina para explorar temas como la vulnerabilidad humana, la solidaridad y la corrupción moral.

La ceguera no es otra cosa que la incapacidad de ver, pero si una persona puede ver, y no ve, entonces ha habido una ceguera peor, porque ha habido una ceguera interior. La persona ciega tiene la excusa de la ceguera, el otro no tiene ninguna excusa.

Otro de mis escritores favoritos, Javier Marías, hace reflexiones que van más allá de la historia aparente en sus novelas. En «Corazón tan blanco» (1992), por ejemplo, Marías explora temas como la traición y la naturaleza del conocimiento a través de la historia de un hombre que descubre un oscuro secreto en el pasado de su esposa.

A veces tengo la sensación de que nada de lo que sucede sucede, de que todo ocurrió y a la vez no ha ocurrido, porque nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, y hasta la más monótona y rutinaria de las existencias se va anulando y negando a sí misma en su aparente repetición hasta que nada es nada ni nadie es nadie que fueran antes, y la débil rueda del mundo es empujada por desmemoriados que oyen y ven y saben lo que no se dice ni tiene lugar ni es cognoscible ni comprobable.

El Poder Transformador de la Literatura

Así me imagino al escritor de novelas: como una persona que se enfrenta a una página en blanco (ahora es mucho más probable que sea una pantalla) con cientos de preguntas sin respuesta, pero con un ovillo de ideas que intentará deshilachar en búsqueda de algún atisbo de verdad en sus entresijos. Para el novelista, su historia encierra otra historia por descubrir, tanto para él como para el lector.
Así, tanto el escritor como el lector se embarcan en un trayecto hacia una comprensión más profunda del mundo y de sí mismos. Igual que la historia que se plasma sobre el papel, el autor y el lector evolucionan y cambian, no de forma radical, pero al menos con una comprensión diferente de quiénes son y de su entorno. Si la novela te inquieta, te conmueve y te hace pensar, al menos ha logrado despertar nuevas sensaciones y un entendimiento más profundo de tu propia humanidad.

Escribir una novela consiste en plantearse una pregunta compleja para formularla de la manera más compleja posible, no para contestarla, o no para contestarla de manera clara e inequívoca; consiste en sumergirse en un enigma para volverlo irresoluble.

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Canciones Que Encierran Historias

Por 13/05/2024 Comunicación, Música
Europa se ha rendido ante Nemo Mettler y su “The Code”, una canción triunfadora que representó a Suiza en el festival de Eurovisión este año. Si escuchas la canción en la radio o ves el video del tema ganador es posible que solo repares en lo estrambótico de la vestimenta de Mettler, o en lo pegadizo del tema con su coro de ¨oh, oh, ohs¨ que hoy entona media Europa.

Sin embargo, si escuchas la letra con detenimiento e interpretas la simbología del video, te darás cuenta que esta canción encierra una historia. Es la propia historia de Mettler, que tras años de búsqueda hoy se identifica como ¨no binario¨. La canción es un himno de aceptación y triunfo para aquellas personas que ¨rompen el código¨ y no se sienten ni hombre ni mujer, y entienden el género como algo mucho más diverso.

Esta historia es mi verdad.
Yo fui al infierno y regresé
Para encontrarme en el camino
rompí el código
Oh, oh, oh
Como amonitas
solo le di algo de tiempo
Ahora encontré el paraíso
rompí el código
Oh, oh, oh

Las canciones son poderosos vehículos para contar historias. Su capacidad de crear conexiones emocionales con el público (y a veces entre los propios cantantes) las convierten en el embalaje perfecto para recordar momentos, celebrar logros e incluso reivindicar derechos. “The Code” nos recuerda que muchas personas no encajan en los moldes tradicionales de género, y que las personas ¨no binarias¨ son visibles y merecen respeto en la sociedad.
Otros ejemplos de canciones que encierran historias y que marcaron momentos significativos incluyen a “We Shall Overcome», que se convirtió en un himno del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos en la década de 1960; «La Bamba», que se transformó en un símbolo de la identidad chicana y la integración cultural en Estados Unidos en los años 60; o «Imagine» de John Lennon, un tema que se ha convertido en un himno para la paz y la fraternidad mundial.

Imagina que no hay países
no es difícil de hacer
Nada por lo que matar o morir
Y sin religión también.
Imagina toda la gente
viviendo la vida en paz
Tú puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
Espero que algún día te nos unas
Y el mundo sea como uno

Pero no todas las canciones con historia son tan trascendentales; muchas de ellas simplemente nos conmueven con su mensaje. ¿Quién no recuerda clásicos como ¨Hotel California¨ de Los Eagles o ¨Piano Man¨ de Billy Joel? Los Eagles nos cuentan la historia surrealista de un viajero que llega a un misterioso hotel en California y se encuentra atrapado en él, como una posible alegoría al lado más oscuro del sueño americano (ej. adicciones y otros excesos). Joel, por su lado, nos cuenta la historia de un pianista que toca en un bar todas las noches y donde se encuentran varios personajes.

Beyoncé, en su último álbum de música country, ha reinterpretado ¨Jolene¨. un clásico de Dolly Parton en el que una mujer ruega a otra llamada Jolene que no se lleve a su hombre.

Jolene, Jolene, Jolene, Jolene
Te lo ruego, por favor no te lleves a mi hombre.
Jolene, Jolene, Jolene, Jolene
Por favor, no te lo lleves sólo porque puedes.
Tu belleza no tiene comparación
Con mechones llameantes de castaño rojizo
Con piel de marfil y ojos verde esmeralda.
Tu sonrisa es como un soplo de primavera.
Tu voz es suave como la lluvia de verano.
Y no puedo competir contigo, Jolene

¿Una Historia de 3 Minutos con Música?

Contar historias a través de canciones supone un conjunto de desafíos narrativos que son únicos a las características de estas composiciones musicales.
Por el lado más obvio, existe una limitación de tiempo. A diferencia de una novela o película, una canción tiene un tiempo aproximado de tres minutos para contar una historia completa. Esto requiere que el compositor sea conciso y efectivo en la narración de la historia en tiempo muy ajustado.
Además, la estructura lírica de una canción, que a menudo incluye estribillos repetitivos, puede dificultar la narración de una historia coherente y completa. Esta estructura, que suele seguir un patrón de verso, dificulta el flujo de la historia y el desarrollo de personajes complejos. Así, no es de extrañar que las canciones que encierran historias suelan tener más letra y eviten esos estribillos que rompen el hilo narrativo.
Cada vez son más los intérpretes de canciones con historia que usan la imaginería visual de videoclips o elementos audiovisuales en sus actuaciones para pintar imágenes vívidas en la mente del oyente, ya sea de forma literal o a través de metáforas. Mettler, en su videoclip, usa la imaginería visual de una persona cuya vestimenta cambia cuando se mueve de vagón a vagón en un tren, y en su actuación en Eurovisión se movió sobre un balancín, como alegoría a su lucha entre los géneros masculino y femenino.
En español, algunos de los ¨trovadores¨ más notables incluyen a Mikel Izal, cuyo último trabajo cuenta historias en cada canción, y que como álbum, encierra una historia en sí mismo. En sus propias palabras, ¨es un viaje que recorre un camino de descubrimiento personal que parte desde el Miedo para llegar al Paraíso. En ese trayecto hablo de las emociones que fui transitando y a las que todos nos vamos enfrentando a lo largo de nuestra vida. Hablo simplemente, del ser humano en todas sus formas. ¨
Una de esas emociones hecha canción, La Fe, comienza así:

Demasiadas veces siento
Que no estás ni se te espera
Por fortuna siempre vuelves
Me sorprendes con ideas nuevas
Tan callada, tan ligera
Nunca llamas a la puerta
Hasta que, un día, despierto
Y lo llena toda tu presencia

 

Las canciones que encierran historias, si bien suponen un reto para el compositor, son especialmente recordadas por un público que desea vibrar emocionalmente con sus letras. Son historias que se convierten además en pedazitos de Historia, como mi favorita: Un Ramito de Violetas de Cecilia. Esta bella canción cuenta la historia de una mujer casada que cada 9 de noviembre recibe flores de un desconocido.

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Decisiones que Dan Forma a Tus Historias

Por 07/05/2024 Cine & TV, Comunicación
A veces, la realidad supera a la ficción, como en El Caso Asunta y Bebé Reno, dos series de éxito basadas en acontecimientos reales. Lo inusitado de sus tramas y la complejidad psicológica de los personajes han conquistado a las audiencias de todo el mundo, subrayando las ventajas narrativas de ficcionalizar la realidad.
De hecho, la mayoría de los creadores de historias se inspiran en personas y situaciones reales para crear narrativas en la ficción. Tal vez hayas oído el consejo que se da a los escritores noveles de ¨escribir sobre lo que conoces¨, porque siempre se sentirán más auténticas las narrativas que hayas vivido, bien sea por los detalles que des en las descripciones de una escena, o en la profunda dimensión con la que esboces tus personajes.
No siempre es obvio identificar esos momentos con potencial narrativo, pero en general son aquellos en los que algo ocurrió y ganamos una nueva perspectiva sobre alguien o sobre nosotros mismos. También son momentos que nos conducen a aprender algo nuevo y que marcaron, o incluso cambiaron, el curso de nuestras vidas.

Momentos que Originan Historias

Entonces, ¿cómo podemos recordar esos momentos con potencial narrativo? Para identificarlos, el número de preguntas que podemos plantearnos es tan infinito como el número de historias que hemos vivido, pero en general son momentos de visión, superación, elevación o conexión:

¿Cuándo cambió algo en lo que creías?
¿En qué momento todo ganó claridad y enfoque?
¿Cuándo te diste cuenta de algo importante?
¿Cuándo sentiste una emoción fuera de lo habitual?
¿Cuándo ocurrió algo que te impactó?
¿Cuándo lograste hacer algo que nunca pensaste que lograrías?
¿Cuándo cambió tu relación con alguien?
¿Cuándo se reveló un secreto?
¿Cuándo tuviste que tomar una decisión difícil?
¿Cuándo hiciste algo excitante por primera vez y qué pasó?

Como un excelente ejemplo te invito a ver esta presentación al estilo TED de Ric Elias. Ric Elias tenía un asiento en primera fila en el avión que hizo un aterrizaje forzoso en el río Hudson en Nueva York en enero de 2009. Esta situación extrema, de la cual sobrevivió, le proporcionó la perspectiva de realizar algunos cambios importantes en su vida.

Es importante resaltar que no todas las historias tienen que ser de naturaleza épica, y pueden arrancar con situaciones tan mundanas como tener una cita con el dentista o marcar un número de teléfono erróneo. En todo caso, las historias suceden cuando las expectativas se encuentran con la realidad, y en ese desencuentro surge el aprendizaje, el descubrimiento o el cambio.

El Peso de las Decisiones

Las buenas narrativas tienen origen en esos momentos de cambio, pero son las decisiones que tomamos las que realmente dan forma a tus historias.
George Dawens Green, fundador de la organización de contadores de historias The Moth, lo expresa así:

Cada buena historia, estoy seguro, depende de una decisión. A veces habrá muchas decisiones a lo largo de una narrativa: retrocesos, dobleces, desviaciones, decisiones tomadas por otros personajes, tus respuestas a esas decisiones. Pero siempre, en el núcleo de la historia, habrá una decisión clave. En las historias más poderosas, la decisión será difícil. (…) Los buenos narradores pronto aprenden que lo que sucedió es de menos importancia: tu audiencia realmente quiere saber qué decidiste hacer sobre lo que sucedió.

Por ejemplo, en Bebé Reno, un hombre que se siente acosado por una mujer que le envía cientos de correos electrónicos cada día decide, inexplicablemente, aceptar su petición de amistad en Facebook. ¿Por qué una persona acosada tomaría una decisión así?
Es necesario ver el resto de la serie para entender la compleja psicología de este hombre, y las razones por las que cualquier situación puede tener muchas aristas. Lo previsible es que una persona acosada vaya inmediatamente a la policía y busque apartarse de la persona que lo acosa. Pero lo que hace esta historia interesante, como la vida misma, es que no siempre tomamos las decisiones más previsibles.

Personajes tan Humanos como Creíbles

No voy a desvelar aquí las razones por las que el protagonista de Bebé Reno se siente a la vez acosado y atraído hacia su acosadora, pero lo imprevisible de esta dualidad hace que la historia sea más interesante y gane en tensión narrativa.
Las personas no somos máquinas, y lejos de categorizarnos como ¨malas¨ o ¨buenas¨, somos seres que se mueven en un espectro, mucho más gris, condicionado por circunstancias, experiencias. personas y situaciones. Así, los personajes que más se parecen a nuestra humanidad son los caracteres más fascinantes en nuestras historias.
En particular, los momentos en que nos equivocamos, nos avergonzamos, o actuamos mal pueden ser nuestra oportunidad de aprender y crecer. Mike Birbiglia, uno de los anfitriones y contadores de historias de The Moth, lo expresa así:

Lo que he descubierto a lo largo de los años es que sabes que estás en el camino correcto para encontrar una historia si te hace sentir muy incómodo contarla. Si quieres renunciar de ella en muchas etapas, sabes que estás yendo en la dirección correcta.

Lo importante es no detenerse en esas decisiones erróneas que a veces dan forma a tus historias. Para dejar a tu audiencia satisfecha, usa esa premisa negativa como donante de un aprendizaje o una evolución.

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Triunfa con el Final de tu Historia

Por 30/04/2024 Comunicación
No importa lo inquietante que haya sido el arranque de una historia o lo efectiva que haya sido en crear tensión y suspense: si el final es insatisfactorio para la audiencia, la historia no funcionará.
En este blog ya hemos hablado de algunas técnicas para realizar cierres efectivos, pero es importante recordar que el cierre debe tener una relación clara con el resto de la historia. No por cerrar con una cita célebre o un llamado a la acción estamos automáticamente evitando que nuestro cierre sea confuso, frustrante, condescendiente o manipulativo.

Un Final Merecido

Según nos indica The Moth en su guía ¨Cómo Contar una Historia¨, un buen final nos hace sentir el poder de la historia y le da perspectiva. En este sentido, la historia es como una maratón en la que el carrerista va encontrando desafíos en el camino, y la conclusión, o la llega a la meta, es un reflejo de la superación de todos esos desafíos.
Así, los finales más satisfactorios encajan con la trama de la historia. Esto no quiere decir que los finales no puedan ser sorprendentes, pero sí que deben dar sentido a la narrativa que hemos construido.
En la historia de Ari Handel ¨No te enamores de tu mono¨, vemos cómo el final tiene una relación directa con el arranque de la historia:

¨No te enamores de tu mono¨, me avisó mi asesor, pero no lo escuché. Hay cosas que uno tiene que aprender por sí mismo.

Con este original punto de partida, Ari nos explica cómo su asesor académico le recomendó no conectar emocionalmente con Santiago, su mono de laboratorio. El final de la historia es sorprendente pero no, por ello, fuera de contexto:

¨Escribí una tesis, una tesis de 364 páginas llena de datos y gráficas, Pero la página con más significado para mí es la primera, que simplemente dice: ¨Dedicado a la memoria de Santiago¨.

Sin conocer la parte central de la historia, nos imaginamos cómo la trama describe escenas o situaciones en las que Ari resiste los encantos de Santiago, si bien al final caerá rendido ante su inteligencia, destreza o cariño. El final de la historia es memorable porque es irónico y tiene una relación directa, si bien opuesta, a la premisa del arranque.

Registra el Cambio

Así, el final de muchas historias deja constancia del cambio experimentado por los protagonistas desde el inicio. Puedes hacerlo de una manera sugerida, o más concreta, para especificar el cambio realizado.
Por ejemplo, David Lepelstat concluye su historia ¨Déjalo ir¨ reflexionando sobre el cambio que vivió:

¨Pasé de ser alguien que no podía ni siquiera admitir que estaba enamorado a pedir a una chica a que saliera conmigo al baile del colegio, con mi ukelele, a dar mi primer beso, y más importante que eso, a establecer una conexión realmente especial con alguien que me gustaba. Pensé una y otra vez: lo logré.¨

Como un gimnasta brillante que se clava en el suelo tras realizar una acrobacia, el cierre debe ser rotundo, y dejar a la audiencia inspirada, emocionada y satisfecha. Usa la última línea para dejar patente un cambio, dar sentido a la historia con una reflexión, o reflejar un logro o aprendizaje.
Si has contado una historia sobre cómo tu ultima relación hizo aguas, no cierres con una frase genérica y que pueda ser demasiado evidente, como ¨esta ha sido la historia de una ruptura¨. Conectarás emocionalmente con tu audiencia si el cierre es una reflexión más personal, detallada y con un aprendizaje que le da un giro positivo. Un cierre más efectivo sería éste:

¨Me hirió tanto que, tras la ruptura, no podía levantarme de la cama. Pero me enseñó que era posible volver a amar¨.

Imperfectos, Como la Vida Misma

Los mejores finales no son siempre perfectos, como lo eran los cuentos de nuestra niñez que terminaban con ¨y fueron felices y comieron perdices¨. Deben intentar responder a las preguntas que has levantado a lo largo de la historia, pero no por eso deben ser finales redondos, o con moraleja.
Recuerdo el dilema al que me enfrenté cuano escribí una historia titlulada “Alfileres de Colores” sobre un hombre que ve a una mujer fascinante al final de la barra de un bar, y que le evoca pensamientos sobre otras mujeres que ha conocido a lo largo de su vida. la historia arranca así:

«Eran las cinco de la tarde de un verano especialmente pegajoso. Él la observaba desde el otro extremo de la barra; reparó en ella cuando se quitó los zapatos de tacón alto de dos enérgicas patadas y se sentó sola, en ese bar anodino, reposando sus pies desnudos sobre las varillas de acero de la banqueta.»

Según avanzaba en el desarrollo de la historia, pensé en cerrarla con un final bastante idealizado: el hombre se enamoraría de esa mujer, como si el resto de las mujeres de su vida le hubieran conducido hasta conocer a la mujer de su vida. Pero me pareció un final previsible y poco satisfactorio para mi audiencia.
Conversé sobre mis dudas con mi profesor de narrativa y me sugirió darle un final inesperado pero que aún cuajara con la historia. ¿Y si esta mujer, en vez de ser real, fuera un fantasma que lo persigue, y que ensombrece todo lo que le enseñaron otras mujeres? Mi historia termina así:

Ante el horror de él, ella desplomó su peso sobre la barra, envuelta en un baño de sangre. Una sangre de color púrpura como la de aquella pelirroja que, a orillas del Guadalquivir, resbaló sobre una piedra y se abrió la cabeza de un golpe seco, con el crujido de una nuez. Tan solo unos minutos antes, los dos habían hecho el amor bajo las estrellas.

El nuevo final es inesperado y sorpresivo, pero satisface porque da un sentido a las reflexiones del protagonista a lo largo de la historia.
En conclusión, triunfa con el final de tu historia respondiendo a la pregunta central o conflicto de la trama, y anclándolo al cambio que los personajes han experimentado. Un final débil es previsible, demasiado perfecto, inconcluso, o moralista. Recuerda que el inicio y el final de tu historia tienen la misma importancia, y es recomendable definir estos dos puntos antes de construir la trama y la tensión narrativa de la parte central.

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Walt Whitman, Libertad y Autenticidad

Por 22/04/2024 Literatura
En el libro de citas ¨Habla Walt Whitman¨, la editora Brenda Wineapple selecciona algunos de los pensamientos más profundos del autor de «Hojas de Hierba».
Hacia el final de su vida en 1892, Whitman recibió casi a diario la visita de Horace Traubel, un joven escritor y activista social que transcribió más de cinco mil páginas del contenido de sus conversaciones.
Durante esos encuentros, Whitman compartió sus últimas reflexiones sobre la vida, la espiritualidad y la promesa de Estados Unidos como un país libre, igualitario y lleno de oportunidades. ¨Parece que estoy convirtiéndome en un viejo parlanchín — un hablador — un contador de historias¨, confesó Whitman a Traubel mientras discutían temas tan variados como la ciencia, la religión, la inmortalidad o el sexo.
Uno de los temas que centraría sus conversaciones fue el de la escritura y, en particular, las características que Whitman reconocía en su propia experiencia como escritor para ser un buen contador de historias. Estas bellas reflexiones parecen ser tan relevantes hoy como lo fueron para un Whitman que rompió moldes y fronteras narrativas en el siglo XIX.

Cuatro Consejos de Whitman para Escritores

Algunas de las citas que ha seleccionado Wineapple en su libro ponen de relieve la libertad y autenticidad que consagraron a Walt Whitman como modelo de los valores democráticos.
Sé auténtico. Whitman abogaba por la autenticidad en la escritura. Instaba a los escritores a expresar sus verdaderos pensamientos y emociones, sin miedo a la censura o la crítica.

“No parezco tener ningún consejo que dar, excepto tal vez este: ¡Sé natural, sé natural, sé natural! … Casi cualquier escritor que esté dispuesto a ser él mismo logrará algo, porque todos logramos algo, más o menos lo mismo, en lo más profundo. El problema principalmente es que los escritores se convierten en escritores y dejan de ser hombres: los escritores reflejan a los escritores, los escritores vuelven a reflejar a los escritores, hasta que el hombre se desgasta, se desgasta por completo.»

En «Hojas de Hierba», Whitman utiliza un estilo poético innovador y personal, caracterizado por usar una voz directa, íntima y expansiva al mismo tiempo.

«¡Oh, yo sé muy bien que no soy un poeta sublime y que no produzco jamás poemas sublimes! Lo que hago es una obra del hombre común y corriente; obra de todos, pero al mismo tiempo obra mía; ninguna otra persona se acerca siquiera a mi clase de trabajo y, por lo tanto, yo soy mi único rival.»

Exprésate con libertad. Whitman recomendaba liberarse de tapujos y crear de forma espontánea y libre.

«El secreto de todo esto es escribir a borbotones, con el latido, la inundación del momento, poner las cosas por escrito sin deliberación, sin preocuparse por su estilo, sin esperar un momento o lugar adecuado. Siempre trabajé de esa manera. Usaba el primer trozo de papel, el primer rincón, el primer escritorio, y escribía, escribía, escribía… Quieres atrapar tu espíritu libre, registrar su nacimiento, escribiendo en el instante en que se captura el latido mismo de la vida.»

El estilo poético de Whitman, con su verso libre y su enfoque en lo ordinario, desafiaba las convenciones literarias de su época. Recomendaba a los escritores que se liberaran de las reglas preestablecidas y exploraran nuevas formas de expresión.

¨La sorpresa para mí (como escritor) es cuánto se sugiere espontáneamente, algo que un hombre nunca podría haber planeado. Me siento a escribir: una idea aparentemente simple saca a la luz una docena de otras: así crece mi trabajo. Un escritor no puede hacer nada más necesario y satisfactorio para los hombres que simplemente revelarles las infinitas posibilidades de sus propias almas.¨

Trabaja a tu propio ritmo. Whitman trabajó en su poesía durante décadas antes de alcanzar el reconocimiento. Recomendaba a los escritores que fueran pacientes y perseverantes en su oficio, y que no se desanimaran por los obstáculos en el camino hacia el éxito.

¨Cada hombre tiene que aprender su propio mejor método: mi método es ir despacio, extra despacio. Todo gran trabajo es un trabajo cauteloso, se realiza con un ojo en todos los horizontes del espíritu: en ausencia de esa gravedad nos convertimos en aficionados, las grandes cosas no se dicen, no se hacen.¨

Observa el mundo que te rodea. Whitman era un observador apasionado de la vida cotidiana y de la naturaleza. Animaba a los escritores a estar atentos a su entorno y a encontrar belleza en las cosas simples.

“En todo trabajo imaginativo, todo trabajo poético puro, debe haber especialmente una cualidad primordial, no mencionable, nombrable, describible, pero siempre sentida cuando está presente: el arrojo directo de la naturaleza, que separa los caminos entre la expresión formal, convencional, prestada y el fervor del espíritu genuino.”

La obra de Walt Whitman es un reflejo de libertad, autenticidad  y la capacidad del individuo para encontrar significado y belleza en el mundo que lo rodea. A través de sus versos, Whitman invita al lector a contemplar la vida desde una perspectiva más amplia y a conectarse con su propio sentido de asombro y admiración por el universo.

“Los escritores escriben por ejercicio: determinan lo que deben escribir, por lo tanto lo hacen. Nunca pensarían en escribir como los árboles despliegan su verdor, como los hombres se enamoran, por necesidad, porque no hay otra cosa que hacer.”

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